Darwin se equivocó

Y es que el hombre puede descender del mono, pero nunca se pensó que el fotógrafo, especialmente el fotoperiodista descendiera del perro.
Este oficio plagado de mundanidad que se apropia de nuestros ojos a grado tal de caminar espacios, situaciones, momentos, para esa, esta, tal o cual imagen.
El cánido deseo de ganar la foto a la jauría,
el momento como una hembra en celo, que solo es para quien gana más ventaja.

El instinto de caminar por aquí y por allá, mirar, olisquear,
cual Beagle cazador, acechar a la presa, no un ave o liebre, instantes fugados de sueños o pesadillas,
de cielos o infiernos.

Husmear si-gi-lo-sa-mente el momento,
los personajes, las distancias y atacar directo, certero, a la yugular.

De situaciones adversas donde el San Bernardo con cámara,
¡¡¡ah!!!! por supuesto acompañado de su barrilito de whisky,
sortea al clima o a la distancia para tener su preciada o despreciada imágen.

Cannis vulgaris vagabundeando por la vida en la búsqueda del significado visual de las cosas,
cual perro de mercado seleccionando su filete.

Aguerridas razas en marchas, o conflictos, al acecho y circunstancia, de la molonquiza con unos y con otros, granaderos o manifestantes, Boxers o Pitbulls, Doberman o Rotwailler.

Observar y atacar, con lentes y flashes, la técnica o la estética, entrenados en el camino de esta canina y hermosa profesión.

En efecto, Darwin se equivocó, olisquear, vagabundear por la vida, no sin información o conocimiento, y sus distintos etceteras en este mundo plagado de especies, que no se les nota un dejo de descendencia humana.
El perro en hombre, el hombre en fotografo, el fotografo en perro.
Ladremos con imágenes…
Ladren Perros.